sábado, 15 de marzo de 2014

La peste.

''El principio era lo común de fríos y calenturas, y a dos días la enfermedad hacía rapto a la cabeza, privando totalmente de juicio a las personas. Dejo el postrarse, de suerte que se hacían ineptos para ayudarse, las desganas de comer, ciertos hastíos, horribles vómitos y ansias, el cuerpo estropeado, la cabeza condolida, sin poder ni aun volver en la cama, decaimientos del corazón, molidos los huesos, la garganta llagada, y los dientes y las muelas danzando, y todo el hombre ardiendo con la fiebre y loqueando contables frenesíes; hallándose las casas con tantos locos como había enfermos, incapaces de curar el alma, inútiles para admitir la medicina del cuerpo.

Si alguno escapaba de estos rigores quedaba por mucho tiempo lisiado de los sentidos, sin poder hallar convalecencia, algunos tullidos, otros contrahechos, muchos sordos y los más sin memoria alguna de las cosas de la vida, olvidándose hasta de las oraciones más comunes como el padrenuestro y el avemaría.
No había contagio como éste. Se pegaba de solo llegar al enfermo; de tocarle, de respirar el aire de la sala y aun de la cuadra en que estaba. Los vestidos, las camisas, las camas, la ropa y los platos de su comida, todo quedaba infectado. Duró este contagio más de dos años y se extendió por las principales partes de este reino, en ciudades, pueblos, en villas, en estancias, en valles, en montes y en toda suerte de las personas. Nadie escapaba de sur rigor; ni al pobre sirvió su pobreza, ni al religioso clausura, ni al trabajador la carne hecha al mal pasar; todo estado tuvo que padecer y toda suerte de gente que llorar.

No había lugar en las parroquias para sepultar a los muertos, amontonando a muchos en los sepulcros y confundiendo los entierros de las casas. Alcanzó a tanto la falta de vivos que, al no poder empañarles al funeral, echaban de noche los difuntos a la calle, exponiéndolos a misericordia de los piadosos. No amanecía día en que no se hallasen a las puertas de las iglesias, parroquias, conventos y monasterios, de cinco a seis amortajados. Y a veces sucedió hallar a todos los de la familia difuntos, y todos los cuerpos de ella llenos de corrupción, sin haber en todas las casas quien diese aviso de mortandad. De esta suerte crecía el daño.''

(''El Esclavo Blanco''; Pedro Miguel Lamet)

Se estima que a lo largo de la historia han muerto de peste más de 200 millones de personas, convirtiéndose así en la enfermedad infecciosa más letal de todas las conocidas hasta la fecha.


Esta cita hace cita literaria hace referencia a La Peste Negra en España. En este caso, se piensa que llegó por primera vez al puerto de Palma de Mallorca (febrero de 1348), de allí pasó a las costas del resto de la Corona de Aragón (mayo de 1348) y, poco a poco, fue penetrando hacia el interior favorecida por las malas cosechas y por las guerras civiles que sufrió la Península; en Castilla los datos son muy escasos, aunque sabemos que en octubre la enfermedad había llegado a Galicia. La peste volvía a atacar recurrentemente cada 8 ó 10 años (1362, 1371, 1381, 1396... y así durante el siglo XV), cada vez con menos virulencia, tal vez por encontrarse con una población que estaba mejor alimentada o que tenía un mejor sistema inmunitario. Las zonas más afectadas eran las más pobladas, sobre todo la costa y las ciudades: Cataluña perdió en estas epidemias casi el 40% de su población, pero Barcelona se sospecha que superó el 60% de afectados.